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Su origen es un tanto oscuro dado que tras su hallazgo fortuito entró pronto en el mercado de arte. Parece que fue encontrada mientras se realizaban actividades agrÃcolas cerca de Villafranca del Bierzo en algún momento previo al verano de 1915, año en que tenemos constancia de su presencia en Galicia. El estudio de la correspondencia del archivero coruñés Eladio Oviedo Arce revela que el conde de Vilas Boas, ejerciendo de intermediario, le presentó la pieza a este con intención de que la peritase para un tercero (Santos Fernández, 2019: 91-92). La intención del archivero de darla a conocer mediante una publicación académica se vio truncada por su fallecimiento en 1918. En la necrológica que le dedica MartÃnez MurguÃa (1918) se ofrecen a partir de su propia documentación algunos datos de la lucerna, que por entonces habÃa sido vendida a un particular y trasladada a Barcelona. En 1925 fue de nuevo comprada, esta vez por el Museo Nazionale Romano al anticuario italiano Alfredo Barsanti (de’Spagnolis – de Carolis, 1983: 83). Allà permanece todavÃa en la sede del Palazzo Altemps, n.º de inv. 107534. Lorenzo Fernández (2024, n.º 309).
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