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Pieza procedente del ya desaparecido monasterio de Santa MarÃa de Ferreira de Pallares. Su hallazgo se produjo a principios de la década de los 90, cuando el párroco local, José González Vázquez, la encontró en el muro del patio de lo que es hoy la casa rectoral (Delgado, 1996: 350). Tras identificarla la empotró a la derecha de la puerta que da acceso al patio, a 2,2 m de altura junto a un ventanuco y a otra inscripción de época posterior que comentaremos más adelante. Allà permanece. Lorenzo Fernández (2024, n.º 330).
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