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Los hallazgos arqueológicos indican una ocupación del asentamiento entre la segunda mitad del siglo VI y mediados del VIII. Parece que fue fundado ex novo en época visigoda y abandonado en el siglo VIII, quizás no mucho después de la invasión árabe en 711.
La pieza apareció cuando se estaba excavando la parte media de la nave central de la basÃlica durante la actividad arqueológica de 2019, en su emplazamiento original, por encima de una sepultura —la núm. 22 según numeración de los arqueólogos—, precisamente en medio de la nave central. Estaba empotrada en el suelo, en una capa de mortero de cal blanco; su orientación suponÃa una contemplación y lectura desde el Oriente. Sin embargo, alrededor no hubo restos de pavimento de opus signinum: parece que en 646 d.C., cuando se efectuó el enterramiento de Hieronimus, ya habÃa empezado la fase de degradación y desatención en la cual ya no se arreglaron los pavimentos.
Aparte de la lápida funeraria de Hieronimus, han aparecido el epitafio de dos mujeres, una Abitia y una Birisenda, y fragmentos de otras inscripciones— lo que evidencia un empleo más amplio de la epigrafÃa funeraria en la necrópolis de «La Losilla». Stylow y Schlimbach (2024).
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