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La lápida se encuentra casi completa, aunque quebrada en doce fragmentos, pues tan solo falta el de la esquina inferior derecha, permitiendo asà una lectura segura de la mayor parte de su texto.
Se trata de una losa rectangular de mármol blanco veteado de gris azulado (probablemente de las canteras de Estremoz / Vila Viçosa más que de las de Almadén de la Plata [Sevilla]), de 85 cm de alto, hasta 36 cm de ancho y hasta 3,2 cm de grueso 22. Sus bordes están serrados, y su parte trasera está desbastada. La cara frontal está pulida, y las letras talladas en ella se conservan bien —aparentemente—, la losa no fue pisada durante un perÃodo prolongado, quizás por haberse instalado en un momento tardÃo de la utilización de la iglesia, o quizás por haber estado tapada.
Para la grabación del texto, trazaron en el campo epigráfico una trama de finas lÃneas guÃa paralelas, distantes 4,8 cm entre sà para los renglones del texto, y 1,7 cm para los espacios interlineales. Las letras del acróstico miden 6-6,5 cm y están como «colgadas» de las respectivas lÃneas guÃa superiores. Las letras, grabadas con un ritmo vivaz, generalmente respetan esas cajas predeterminadas o quedan ligeramente cortas. No hay separadores de palabras —con la única excepción del triangular signo de puntuación en l. 9, que separa cifras de letras—, y algunos nexos incluso unen dos palabras individuales. Hay pocas abreviaturas y esas son señaladas por lÃneas superpuestas. La ejecución de la grabación es de muy buena calidad, sobre todo al lado de otras inscripciones aproximadamente contemporáneas procedentes de Los Pedroches y la vecina Sierra Morena.
El recurso literario del acróstico, es decir, de un texto que resulta de la lectura de las letras o sÃlabas iniciales de sucesivos versos o estrofas de un poema, aparece ya en las literaturas del Antiguo Oriente y se encuentra desde las poesÃas helenÃsticas pasando por la Latinidad dorada y plateada hasta la Antigüedad TardÃa, pero sobre todo en la Antigüedad TardÃa cristiana y la temprana Edad Media. Se trata, en la mayorÃa de los casos, de acrósticos de letras en textos métricos. Muy raramente esos se encuentran también en textos de prosa. Completamente singulares, sin embargo, parecen ser acrósticos silábicos en textos de prosa, como es el caso de la inscripción aquà presentada, y eso no solo en Hispania, sino —hasta donde vemos— en todo el Occidente latino. Insólita es aquà además la combinación de renglones organizados como acrósticos con renglones normales. Stylow y Schlimbach (2024).
Cada una de las cuatro oraciones la primera parte del texto termina con una clausula:
… vixit in (a)evo
… eruat tutum
… pulvere finxit
… delicta cognoscit
Esas clausulae ya no son las de la métrica cuantitativa de la Latinidad Clásica; a partir del siglo cuarto —comenzando por Amiano y AgustÃn— esas vienen a ser suplantadas por clausulae de una métrica acentual, cuyos distintos tipos se conocÃan por cursus. El aquà utilizado, a su vez el más popular, es el cursus planus. Stylow y Schlimbach (2024).
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