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Calcula Pérez González (1999, 170) que conservamos tan solo un tercio del texto total, lo que dificulta su estudio literario y lingüÃstico. Es suficiente, no obstante, para clasificarlo como una inscripción funeraria atendiendo a los términos hic corpore. Su hallazgo en Tábara presupone su vinculación con la comunidad monástica allà instalada desde tiempos de la fundación de Arandisclo (ver n.º 495). Precisamente, tanto Pérez González (1999, 171) como Regueras − GarcÃa-Aráez (2001, 61-63), han defendido la posibilidad de que este sea el epitafio del abad fundador. No cabe duda de que se trata de un epÃgrafe diseñado para un enterramiento privilegiado, pero, por el momento, no hay demasiado datos que permitan ir mucho más allá de la mera suposición. Quizá, interpretando el denuo ren[---] de l.2 como una forma del verbo renovare, pueda establecerse algún vÃnculo con Arandisclo, aunque tampoco tenemos certeza de que su actividad edilicia constituyera una renovación sobre un cenobio preexistente. Gregi suo (l.3) o [a]rcem regiminis sustinens (l.6) pueden tratarse de una referencia a su cargo abacial. La propuesta de restituir conditor en la R inicial de l.1 va en la misma dirección. Sobre el latÃn de la pieza, Pérez González (1999, 172) ha destacado su ‘perfección’ y, como ya hemos tenido ocasión de comentar supra, la aparente distinción gráfica entre O largas y O breves. SerÃa este el único caso que hemos advertido en el corpus. La distinción métrica ha servido como base para proponer que nos encontremos ante ‘prosa rimada’, si bien el estado fragmentario impide hacer más valoraciones en ese sentido (1999, 172). Por último, comentaremos la existencia de una última lÃnea incluida de manera posterior y por otra mano en el canto inferior de la pieza. Lorenzo Fernández (2024, n.º 496).
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