|
Coincidimos con los comentarios de Velázquez Soriano en HEp 3, 1993, 271 sobre la correcta lectura del texto ya desde el momento en que se da a conocer. La claridad gráfica y sencillez de las inscripciones ofrecen pocas posibilidades de interpretación.
En cuanto al antropónimo Analsum, bien conocido en la diplomática, debe tenerse en cuenta la posibilidad de que sea el dedicante, como indica RodrÃguez Colmenero (1997, 198), y no el receptor de la dedicación. La dedicación de un altar a un particular se antoja extraña, por muy reconocido y santo que pudiera ser este, según proponen Rivas − Rivas (1988-1989, 126-128). No pensamos, por tanto, que deba hacer referencia necesariamente a un obispo desconocido, pudiendo haber partido la iniciativa de otros sectores de las elites. Resulta, asimismo, curiosa la existencia de dos textos casi idénticos. Las diferencias externas entre uno y otro obligan a pensar en dos manos trabajando en dos etapas diferentes. Lorenzo Fernández (2024, n.º 351).
|