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Inscripción funeraria de D. Urraca Alfonso, que se encontraba en el Claustro del Monasterio de Lorvão, donde D. António Caetano de Sousa la vio. Su paradero actual es desconocido, por lo que se adapta la lectura divulgada por este autor (EMP 396).
Es imposible que la difunta fuese la hija de D. Alfonso III, pues se sabe que estaba vivo mucho después del año 1281. Esta confusión puede deberse a dos factores: el primero, y más obvio, es que el epitafio se realizase bastante después de la muerte de D. Urraca Alfonso, confundiéndose entre personas homónimas; el segundo y más importante, que se tratase de una persona de la Casa Real, que en el Monasterio se recordase como la hija del Rey, pues, durante la segunda mitad del siglo XII y en el XIII, encontramos diversos monarcas con el nombre de Alfonso. El rey Alfonso IX tuvo varios hijos bastardos con su amante Teresa Gil de Soverosa, entre ellas una que se llamaba Orraca Afonso. Es posible, por tanto, que en el Monasterio de Lorvão, la difunta fuese conocida por su sangre real, pero que no fuese bien identificada la persona de D. Alfonso IX de Leão. Atendiendo, pues, al patronÃmico y a la cronologÃa, se pensó en D. Alfonso III, siendo ésta la circustancia que prestó a confusión cuando se encomendó el epitafio (EMP 396).
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