|
La ordinatio del texto ha dificultado su interpretación a lo largo de las diferentes ediciones realizadas sobre una inscripción que cuenta con abundante bibliografÃa. En nuestra edición proponemos descartar gran parte de la cuarta lÃnea, pues estimamos que sus caracterÃsticas gráficas (ya referidas supra) revelan su adición de manera posterior. De esta manera, nos encontrarÃamos ante el formulario de aparición recurrente en la zona (in Dei nomine + antropónimo) junto con algunas adiciones. Se pueden justificar por ser este un enterramiento sin lugar a dudas privilegiado.
En el inicio de l.1 corregimos el texto grabado, In DEN, dado que intuimos que el lapicida realizó incorrectamente el trazo diagonal de la N, cuya posición correcta irÃa entre los siguientes dos astiles verticales. El antropónimo Momus está documentado y es bien conocido. Tras él, el orden de lectura debe continuar hasta el final de lÃnea, pues otros paralelos asà lo sugieren. La secuencia in corpore aparece en n.º 449 y 479; en este último ejemplo ocupa la penúltima posición, justo ante la fórmula ic dormit que también aparece aquÃ. La coincidencia podrÃa servir para plantear para n.º 449, fragmentaria, un final similar. Ic dormit, por su parte, siempre cierra los epitafios en que aparece, tanto en n.º 479 como en 446. En cuanto al final de l.1, que entendemos unida en su lectura al fecit escrito bajo ella, la interpretamos como un circunstancial de finalidad: ‘para un cuerpo viviente’, literalmente. No hemos encontrado paralelos de esta fórmula, si bien en la epigrafia clásica es conocida la secuencia vivus fecit, de sentido similar. La construcción in + acusativo (bibentem) habrÃa provocado lo que creemos que es una corrección posterior bajo corpore: de ahà la presencia del corporem que secluimos y una grafÃa más cuya insegura interpretación no creemos que deba ir unida al verbo fecit, realizado por la primera mano. PodrÃa precisarse aún más la semántica de fecit como ‘mandó hacer’ si atendemos al uso de este que de Santiago (2020, 497) cree más frecuente hasta el siglo XII. Por otro lado, debe destacarse la especificación de la data, algo que llamativamente rehúsan incluir la totalidad de los epitafios vizcaÃnos. Tan solo en la n.º 455, también de Argiñeta, se deja constancia del dÃa de deceso, no de la era. A juzgar por la cronologÃa sugerida por las labores arqueológicas y la datación aquà recogida debe entenderse que esta cubierta pertenece a los últimos compases de la necrópolis. Lorenzo Fernández (20245, n.º 453).
|