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El epitafio del obispo Nausto de CoÃmbra es una de las piezas altomedievales que más atención ha recibido por parte de la bibliografÃa. Se debe esto a una conjunción de factores que la convierten en atractiva: la temprana fecha en que es dada a conocer, la presencia en territorio coruñés de un obispo de la lejana CoÃmbra y la adaptación que realiza de un carmen eugeniano. Esta última cuestión ha sido tratada recientemente en Gómez − Lorenzo (2024), aunque no es más que el último eslabón de varias publicaciones centradas en el tema, véanse DÃaz (1958, n.º 675) o Alberto (2007, 157-158) y (2010, 102). Las primeras 11 lÃneas, hasta la hedera que marca el cambio de tercio, son una adopción un tanto libre de los vv. 3-4 del carmen 21 de Eugenio de Toledo, el Epitaphion Iohannis episcopi (Alberto, 2005: n.º 21): Hic raptus recubat felici sorte sacerdos /quem laetum caelis intulit alma fides. Las licencias del autor medieval son varias: reemplaza raptus por quietus, felici por felicis, letus por letum y caelis por celis. La primera es una mera variatio que no afecta a la métrica, mientras que las segundas son fruto de la evolución fonética y/o de contravenir las normas sintáctico-morfológicas del latÃn. Además, inserta in medias res el nombre del difunto y su cargo episcopal rompiendo el patrón métrico, asà como el término mente, sin aparente sentido en el texto y solo explicable por su aparición en el v.5 del carmen eugeniano. Queda, pues, el dÃstico elegÃaco original deshecho. Como ya se postuló en Gómez − Lorenzo, creemos que la redacción del epitafio de Nausto se hizo de memoria y sin tener fÃsicamente delante una copia manuscrita. La métrica incorrecta, las redundancias y los cambios léxicos entre palabras de semántica similar inducen a pensar en un recuerdo memorÃstico de, quizá, un poema aprendido en la escuela u oÃdo en el ambiente cultural asturleonés. Sobre la difusión de la obra de Eugenio de Toledo en este ambiente desde finales del siglo IX, véanse Velázquez (2006, 25-26) y Alberto (2010, 103-104). El resto del formulario, totalmente prosa, consigna su cargo conimbricense y el dÃa de su muerte (l.11-26). En la expresión de la segunda cuestión pueden observarse algunos ecos de las cercanas producciones epigráficas de la catedral de Santiago (por ejemplo, n.º 243 o 249).
Acerca de los años de su pontificado debe traerse a colación la problemática que tienen asociada. Se explicita que permaneció en el cargo 45 años, lo cual le convertirÃa en obispo de CoÃmbra desde el año 867, once años antes de la toma de la ciudad por Hermegildo Gutiérrez. Por un epÃgrafe de consagración portugués (n.º 419) parece que ya estaba en el cargo incluso antes, en el año 862. Recientemente Escalona (2020, 174) ha llamado la atención sobre la figura de ciertos obispos del siglo IX no vinculados a una sede concreta.
Las dos lÃneas incluidas en el lateral de la cubierta sepulcral (l.27-28) recogen una oración ya inscrita en el epÃgrafe fundacional de San Salvador de Oviedo (texto a, l.5-6).
Debe hacerse referencia a una última cuestión en este comentario. Existe una tradición espuria sobre la existencia en Trobe de otra inscripción relativa a un cierto Adulfo (asà MurguÃa, 1891: 361-362 o Carré Aldao, 1928: 1085). Su existencia, como bien indica Neira Pereira (2021, 65-66), no es más que el resultado de la deficiente interpretación que hiciera Antonio Riobóo y Seixas, corresponsal de la RAH, del epÃgrafe de Nausto (cf. Madrid. RAH, CAIC/9/3931/16(2)). Lorenzo Fernández (2024, n.º 262).
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