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El estado fragmentario del epÃgrafe no permite conocer el nombre del difunto, con certeza al inicio del texto, ni la fecha de defunción, al final. Sobre el primero, poco puede conjeturarse salvo que la desinencia en -I (o en -VI según Gómez-Moreno) no parece corresponder con una forma tÃpica de nominativo. Unido esto a la gran cantidad de material desaparecido conduce a la probable conclusión de que hemos perdido más elementos del formulario original. En cuanto a la data, Gómez-Moreno leyó una I- inicial en el mes, lo cual llevarÃa a reconstruir i[anuaria]s inevitablemente. Sin embargo, en nuestra autopsia no detectamos más que una avulsión en la piedra; queda apuntada, no obstante, la posibilidad. El desarrollo de la abreviatura de kalendas no es seguro en tanto que tenemos documentadas varias abreviaturas para el término (con más y menos caracteres) y desconocemos el número de grafÃas del mes. La era se ha perdido al completo. Lorenzo Fernández (2024, n.º 304).
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