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Resulta curioso cómo la primera edición de este epÃgrafe, mérito de Rivas Fernández (1973, 83), ya leyó el texto correctamente. Editores posteriores, sin embargo, han propuesto variaciones: haereditare, aereditare o hereditare. Se trata de un texto escueto que emplea un formulario reducido a tan solo una palabra: altar. El caso sintáctico se trata de un nominativo; está atestiguada tanto la forma altar como altare para ella. Lorenzo Fernández (2024, n.º 360).
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