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Sobre Ãlvaro de Luna, condestable de Juan II, extensamente conocido y tratado en numerosas obras, no creemos necesario pararnos a analizar su figura. A pesar de estar datada en 1453, el sepulcro y, por tanto, la inscripción, se realizaron en el año 1489 al mismo tiempo que el de la mujer del condestable, Juana Pimentel. Fue ordenado realizar por la hija de ambos, MarÃa de Luna, conservándose el documento de encargo del conjunto funerario a Sebastián de Toledo, donde se dispone como debÃa ser la inscripción: Et por çima de todos estos paños alrrededor del sepulcro corra un entablamento de un verdugo e una naçela ancha en que vaya un letrero del tÃtulo y memoria del dicho señor como su señoria lo diese ordenado de letras françesas muy largas que vayan en arista cavadas e elevadas con sus ñudos y grupos. En la data el mes que consta en la inscripción es julio y no junio. Si bien es verdad que el condestable fallece en el año 1453, no es cierto que sea en el mes de julio. La muerte de Ãlvaro de Luna, según sostienen los documentos encontrados hasta el momento, se produce el dÃa 2 de junio de 1453 y no en el mes de julio. Ahora bien, que en la inscripción aparezca ese mes y no el correcto, podrÃa darse por dos razones vinculadas al ámbito puramente epigráfico: puede que la propia inscripción contenga un error, es decir, en el momento de la elaboración de la palabra “jullyoâ€, la doble ‘ll’ podrÃa ser fruto de una confusión en el momento de la ordinatio. Puede deberse a un malentendido por parte del lapicida a la hora de trasladar el mensaje desde la minuta al soporte, con sus caracteres definitivos, y podrÃa haber interpretado los dos trazos individuales de la ‘n’ como una doble ‘l’. Por otra parte, aunque el lapicida realizase las incisiones siguiendo el modelo del ordinator, a la hora de pasar a escritura epigráfica el texto, podrÃa haber tomado por doble ‘ll’ una letra ‘n’. Ambas grafÃas se componen de trazos individuales, en el caso de la ‘n’ nunca llegan a converger por lo que se compone de lÃneas individuales, aunque más bajas que los trazos que componen la doble ‘ll’. Además, es posible que el lapicida no recibiera la minuta en letra cursiva, y si en textualis, y, por tanto, habrÃa margen para el error. Aun asÃ, en el traslado a escritura epigráfica, podrÃa darse el caso de confusión debido a lo comentado, ambas letras, aunque una de menor modulo que la otra, presentan similitudes. Planteamos esta hipótesis debido a la extraña forma que presenta la palabra “jullyoâ€, escrita con doble ‘ll’, cuando en la época lo usual serÃa encontrarla con una sola ‘l’. Es decir, la mala interpretación del lapicida de una ‘n’ podrÃa haber desembocado en una doble ‘ll’. Si seguimos esta teorÃa, necesariamente tendremos que considerar la intervención de dos personas: una encargada de escribir el epitafio y otra responsable de ejecutarlo en la piedra; la confusión de letras podrÃa haber conducido al error al lapicida. CIHM 8, 334.
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