|
El desgaste de la pieza, especialmente en el lateral izquierdo, ha provocado algunos problemas de lectura. El primero de ellos ya fue enmendado en Rollán (2000, 127), donde se corrige signum santum por signum salutis. El nexo AL pudo estar detrás de la confusión de Cosmen Alonso (1987, 171), publicando una transcripción de F. J. Fernández Conde, A. Quintana Prieto y G. Cavero DomÃnguez, según advierte en la nota 6. Signum santum es reproducido después por la ERCL 5, 469, que sigue en todo a Cosmen, y Arbeiter − Noack-Halley (1999, 214). Signum salutis serÃa lo esperable si atendemos al fragmento del Liber Ordinum Episcopalis del que se toma la plegaria y a otros tantos testimonios epigráficos que la reproducen (todos en Oviedo). De la misma manera, también serÃa esperable la secuencia in domo ista que propone Cosmen, véanse los ejemplos de in ianuis istis, in fonte isto e in domibus istis. Rollán, no obstante, propone in domos tuas leyendo un nexo UA similar a los presentes aquà en las palabras tuetur (U+E y U+R) y vincitur (V+N y U+R). Coincidimos con su propuesta salvo por la S final de tuas, inexistente. AsÃ, domos estarÃa por domus, abriéndose la vocal final. Finalmente, descartamos la variante et de Rollán en l.9 por los mismos paralelos ovetenses y porque el nexo U+T aparece de manera idéntica en tuetur y vincitur.
Solo cabe explicar la aparición de tan curiosa inscripción tan al sur de Oviedo y en un lugar como Destriana a través del monasterio que allà se construyó bajo la advocación de San Miguel en el siglo X. En la versión pelagiana de la crónica de Sampiro (Pérez de Úrbel, 1952: 24-29 y 343) se afirma que su origen se remonta al reinado de Ramiro II (931-951) y que en él fue sepultado el obispo asturicense Fortis, uno de los discÃpulos de Genadio del Bierzo. También el rey Ramiro III encontró allà reposo tras su muerte en el 985. En todo caso, la inscripción no debe entenderse como funeraria, sino como una invocación destinada a solicitar la protección divina y, a la vez, a marcar una actividad edilicia como desarrollada por un miembro de la realeza. Lorenzo Fernández (2024, n.º 270).
|