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La inscripción está incisa empleando seis de las caras como campo epigráfico. Escrita con trazos regulares y claros.
La primera palabra identificable sin problema es gortika. Delante de ella se lee biltirei, que se puede comparar en su final con gortonei [SP.02.03, -5] y, sobre todo, con lutiakei [GU.00.01, -2]. En este segundo caso, además, la secuencia que se lee es gortíka lutiakei. Esto es, parecen los mismos componentes del sintagma, pero en orden sintáctico inverso (cf. taruodureska dureita [SO.06.02] y DVREITA TARVODVRESCA [SP.02.22]. Todo apunta, pues, a que biltirei es un locativo sg. de un tema en -ŏ. Si se acepta que biltirei es un locativo de singular de un topónimo y que esta pueda constituir una variante para indicar la población emisora del pacto, frente a los localicios o el topónimo en nominativo o ablativo; y si se interpreta gortika como un adjetivo concordando con un kar no expreso, podríamos ver aquí una fórmula ‘(pacto) público en Biltiro’.
En cuanto al resto del epígrafe, Untermann reconocía dos N.sg. de sendos antropónimos: otoni, femenino en -ī(n), y antiros/antoros de tema en -ŏ. No proponía traducción. Los paralelos que ofrece son escasos: Otta (Elaesi Ottae Aii filii, en la Tésera de Montealegre de Campos, Valladolid) para el primero; Anderenus en Cáceres e Hinojosa del Duero, Salamanca y Andercus, en Conimbriga, para el segundo (también aparece en Casas de Millán y Casas del Monte en Cáceres).
Existe no obstante otra posibilidad de análisis:
‒ Un antropónimo en N., otoni, de un tema en nasal, como proponía Untermann, o, mejor, de un tema en -ī, en ambos casos femeninos. Etimológicamente no hay buenos paralelos. Se ha pensado en una relación con el numeral ‘ocho’ *oktō. Más atractivo resulta leer la forma como [otni], etimologizarlo a partir de *potnī, cf. gr. πότνια, sc. pátnī, y considerar que se utilizó en cib. como ginecónimo: Otni/Otnia ‘señora’. Ahora bien, ¿por qué no se escribió *otini?
‒ antoros podría ser un genitivo de un tema en -r. En este último caso podría pensarse en un N. *antēr > *antīr o *antōr > *antūr, con un genitivo con la vocal predesinencial en grado cero *antros. No puede desecharse que la dental fuese sonora, siguiendo los paralelos antroponímicos ofrecidos por Untermann.
Así, pues, podría tratarse de una fórmula onomástica conformada por un idiónimo ginecónimo y un patrónimo, pues antoros no tiene aspecto de genónimo o nombre familiar. Esta estructura no es propia de la Celtiberia, sino en todo caso del oeste peninsular. Podríamos pensar en un documento bilateral: ‘Otni, hija de Antros. (Pacto) público en Biltiro’.
Quizá no sean antropónimos, con lo que todo lo que acaba de decirse no tiene ningún valor.
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